Del cuaderno de citas: Los enamoramientos

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Siendo Los enamoramientos la tercera novela que leo de Javier Marías, creo que ya he podido identificar más o menos la fórmula que forma el sello del autor español (y que me agrada tanto): Un gancho apetitoso, la narración en primera persona, la obsesión con Shakespeare, las atinadas reflexiones sobre pequeños detalles de la vida, la idea de Madrid como hogar, la sátira de los gremios relacionados con las letras, los capítulos sin nombrar ni enumerar, la presencia de la muerte en la trama, entre otras cosas.

A diferencia de Corazón tan blanco y Mañana en la batalla piensa en mí (ambas novelas bautizadas bajo diálogos de Shakespeare y en cuyas tramas la intertextualidad con el autor inglés es medular), Los enamoramientos aborda más a Balzac y a Dumas (de este último las referencias giran en torno a Los 3 mosqueteros, curiosamente la novela que había leído justo antes, una de esas casualidades que hacen que uno sonría), pero de todas formas se hacen presentes fragmentos de Macbeth.

La que narra es María Dolz, una madrileña que trabaja en una editorial y que durante un largo tiempo, se pasaba las mañanas observando e idolatrando a una pareja en una cafetería cercana a su oficina. Su rutina es rota cuando Miguel Desvern (el esposo, en la pareja que observaba) es asesinado de forma violenta en lo que parece ser una desafortunada confusión; la pareja deja de ir a desayunar y ella se entera de lo sucedido gracias a los diarios. María había sido una desconocida todo el tiempo para la pareja, pero decide presentarse ante Luisa (la viuda) para darle el pésame, entrando de alguna forma en su vida y a la larga enterándose quizás de más cosas de las que quisiera enterarse.

Mi primer problema con la novela es que María Dolz es un personaje que se desdibuja después de la segunda parte del libro. Tenemos una introducción en la que se nos presenta una persona obsesionada con la pareja a la que espía y después esa obsesión queda reducida casi a la indiferencia, sobre todo hacia Luisa, la viuda (sé que en ese proceso María se enamora, pero aún así el cambio no me resultó natural).

Mi otro problema es que en esta ocasión creo que Marías pecó de redundante en detalles que al final de cuentas no apoyan mucho al tema principal del libro, profundizar en reflexiones sobre pequeños detalles de la vida es una de las cosas que más me han gustado del autor en otras ocasiones, pero aquí siento que muchas páginas se sienten gratuitas; los saltos en la trama son bastante buenos, pero creo quela novela hubiera quedado más redonda sin redundar tanto.

Si no han leído nada de Marías, les recomiendo mejor comenzar con Corazón tan blanco, la cual me parece una novela mucho más hermética y poderosa. Si por el contrario ya conocen el estilo del español y les ha agradado, denle una oportunidad a Los enamoramientos  que si bien no es perfecta, deleita lo suficiente.

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Álvaro (@alvarogo87)

Del cuaderno de citas: El Conde de Montecristo

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Dos grandes impresiones me dejó El Conde de Montecristo cuando lo leí.

La primera impresión, durante los primeros capítulos, fue que o Edmundo Dantes era un personaje exageradamente caricaturizado o tan de otra época, que no sobreviviría en el siglo XXI sin que la gente abusara de él (que igual en su siglo terminaron abusando de su confianza, pero hoy en día de plano le iría mal hasta en prisión).

La segunda gran impresión que me dejó la novela fue cuando llegué a la última página y sentí verdadera nostalgia porque la historia terminaba, de alguna forma había acompañado a Edmundo Dantes a lo largo de la traición de la que fue víctima, su estancia y escape del Castillo de If, su enriquecimiento repentino, su infiltración en la sociedad aristócrata de Francia y la recompensa de su espera y paciencia. Acompañé al personaje durante una gran parte de su vida y él me acompañó a lo largo de los 2 meses que me tomó terminar el libro (porque aunque es una lectura fluida, es larga), así que la despedida no fue sencilla, sentí verdadera nostalgia y es una maravilla que un libro pueda hacerte sentir algo así.

Por otro lado, la cantidad de personajes y el enredo de cómo están relacionados unos con otros, me recordó un poco a Cien años de soledad y su afamado árbol genealógico.

Por cierto, hace poco vi la película protagonizada por Guy Pearce (a quien respetaba después de su actuación en Memento), sólo diré que es lamentable hasta qué punto Hollywood puede violar una historia para dejarla irreconocible; una vergüenza.

El Conde de Montecristo me dejó una muy buena sensación y sin duda tengo pensado seguir con Los tres mosqueteros…cuando tenga tiempo.

Álvaro (@alvarogo87)