Los siete locos, Roberto Arlt

 

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Di con Arlt, como muchos, gracias a un chisme viejo: el de Roberto y Jorge Luis intercambiando dimes y diretes. Dos visiones literarias que fueron contemporáneas, paralelas y, en teoría, antagónicas (pero, no sé, se me ocurre que quizás sea tiempo ya de dejarnos de rivalidades y simplemente apreciar a la narrativa argentina como un milagro completo). En el hemisferio arltiano hallé mucha locura, palabras tristes, personajes mezquinos y la impresión de ya haber recorrido antes esas tierras, vía Sabato.

Remo Erdosain es un inventor frustrado atado a un trabajo de medio pelo; cuando no anda de tour por rincones porteños de mala muerte, se encuentra profundamente sumergido en raras ensoñaciones. Remo no encaja en el mundo, por eso es fácil reflejarse en él, pero no nos confundamos, es antihéroe y mirándolo bien, su interior es oscuro; incluso desagradable. Eventualmente los problemas económicos y existenciales de Erdosain lo llevan a terminar dándole cuerda a un tipo delirante que diseña un plan de dominación social, el cual francamente apunta a mil blancos y no tiene ni pies ni cabeza.

“Nacemos, vivimos, morimos, sin que por eso dejen las estrellas de moverse y las hormigas de trabajar”.

“¿De dónde sacaba ese hombre energías para soportar su espectáculo tanto tiempo? No hacía otra cosa que examinarse, que analizar lo que en él ocurría, como si la suma de detalles pudiera darle la certidumbre de que vivía” 

Empecé y dejé el libro en dos ocasiones, quizás porque al inicio me parecía demasiado en lunfardo desde mi condición de lector no argentino, o tal vez porque no era mi momento de leerlo. El tercer intento fue el bueno y alcanzada la parte en que aparece el astrólogo, Arlt tuvo toda mi atención. Los mejores momentos, según yo, son aquellos en los que Erdosain se retuerce en sus abismos internos, pues sobran los autores que han descrito el sufrimiento físico y mental, pero Arlt lo hace como casi nadie.

“Día vendrá en que la gente hará la revolución, porque les falta un Dios. Los hombres se declararán en huelga hasta que Dios no se haga presente”

“- Mirá… esperame. Si la vida es como siempre me dijiste, yo vuelvo, ¿sabés?, y entonces, si vos querés, nos matamos juntos… ¿Estás contento?”

Lo que me faltó calcular fue que Los 7 locos es el primer volumen de los dos que conforman una sola obra. Sí había leído por algún lado que contaba con una secuela, pero por alguna razón pensé que era secuela de la forma en que Sobre héroes y tumbas es secuela de El túnel, o sea unidas por un hilo más conceptual que de trama; justamente es todo lo contrario: la historia queda a medias y hasta con cliffhanger. Y en parte qué bueno, porque tiendo a ser muy prejuicioso con las sagas y quizás sabiendo eso me hubiera tardado más en decidirme a leerlo. Así que bueno, he quedado un poco a medias, pero probablemente esta pausa sea muy sana, dado lo oscuro de la novela. Total, si los lectores originales se aguantaron los dos años que pasaron hasta que se publicó Los lanzallamas, no veo por qué no debería de tomarme yo también un tiempo.

Álvaro (@alvarogo87)

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Perros sin nombre, Gabriel Rodríguez Liceaga

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“Uno ya no puede salir de casa sin que Dios lo acabe bendiciendo en contra de su voluntad”

– Mira nuestros pies, Gabriel Rodríguez Liceaga

Conocí a Gabriel Rodríguez Liceaga el “Neb” por mera casualidad. Yo había ido a una entrevista de trabajo en una de esas oficinas ubicadas casi hasta el fondo de Santa Fe, por donde es raro el peatón. Gabriel resultó ser mi entrevistador y recuerdo que le agradó que cargara ñoñamente conmigo Dormir al sol de Bioy Casares, que era lo que yo andaba leyendo en el transporte público por entonces, aunque no le encantó el hecho de que mi blog llevara la palabra “cronopios” en el nombre. Para cuando me volvió a contactar yo ya había entrado a otra chamba, pero quedó en el aire la ligera promesa de que compraría uno de sus libros algún día. Tres años después encontré Perros sin nombre en El Sótano y decidí comprobar si el “Neb” de papel era tan entretenido como su cuenta de Twitter, su columna en Chilango o su ya famosa colección de separadores extraordinarios.

Este conjunto de relatos entra en esa categoría de libros que puedes terminar en una sola tarde. Sus 9 cuentos son en gran medida producto del imaginario social de mi generación: ex niños de los 80s/90s que crecimos pegados al Nintendo, fantaseando con las Tortugas Ninja, memorizando capítulos de Los Simpson y todavía más al pendiente del futbol mexicano que del europeo. La materia prima es el lenguaje que escuchábamos a nuestro alrededor y que los maestros de ideas caducas intentaron hacernos creer que no pertenecían al mundo editorial, el cual incluye palabras y expresiones como: “guácala”, “chingadazos”, “le molesta un chingomadral, le cae en la punta de la verga” o “invita unas fundas”. Los personajes son gente común que se parecen a nuestros conocidos, amigos, primos o hasta a nosotros mismos y los cuales son presentados de forma cruda, con sus virtudes y aberraciones, y sin corrección política alguna. Las situaciones, esas sí, son muchas veces sanamente inverosímiles.

Es verdad que a veces las narraciones caen en excesos decorativos del tipo “Al pasto se le pone la piel de gallina”, pero la mayor parte del tiempo predomina un tono irónico y poco solemne que ayuda a que todo fluya bien. El primer cuento fue para mí el más rico tanto en tensión narrativa como en imágenes, supongo que por eso fue colocado al inicio; hay que abrir con la mejor apuesta, como en las tandas de penales. Naturalmente algunos cuentos son mejores que otros (el libro de cuentos uniformemente buenos es un mito, resignémonos) pero en general el nivel es muy decente.

Quién sabe si alcancen para ser textos universales, quizás a alguien con los ojos mucho más rasgados le resulte difícil encontrarles el saborcito, pero para uno que es latinoamericano eso no debería importar. Yo digo que le den una oportunidad, y no para cumplir con ese viejo mandamiento de “hay que consumir lo mexicano”, sino porque seguramente se la pasarán mucho mejor que perdiendo el tiempo explorando el gris catálogo de Netflix antes de acabar viendo una película que, muy probablemente, resultará mediocre.

Álvaro (@alvarogo87)

 

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El libro de Monelle, Marcel Schwob

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Después de tantos buenos comentarios sobre este libro, debo decir que me sorprendió toparme en las primeras páginas con el apestoso lugar común del poeta que le gusta romantizar a las prostitutas; temí que ese fuese el tema central. Esa primera impresión fue pronto derribada y reemplazada por la sensación de que este es un libro súper raro y no es queja, sino todo lo contrario.

El tema central, supongo, es la melancolía de perder nuestra inocencia a cambio de una monstruosa adultez en medio de un mundo industrializado que nos incapacita para vivir en el ahora. Monelle, una especie de proto-Peter Pan de tono lúgubre, es una guía en guerra contra la realidad que se vale de la fantasía como medio de resistencia.

En la primera parte, Monelle arroja de forma mesiánica un montón de aforismos muy citables que nos introducen su visión filosófica. Y entre páginas que a ratos son pura poesía, termina haciendo un pacto con el protagonista: ella le da sus enseñanzas y él a cambio escribirá el libro de Monelle.

“Sin embargo volveré a la noche; pues es necesario que me pierdas antes de volver a encontrarme”.

“Piensa en el momento. Todo pensamiento que dura es contradicción”.

“Ten toda cosa incierta por viva, toda cosa cierta por muerta”.

“No mires detrás de ti. No mires demasiado delante de ti. Si miras en ti, que todo sea blanco”.

“Rebélate contra el trabajo; contra toda actividad que exceda el momento, rebélate”.

La segunda parte está repleta de un lenguaje bucólico, hoy en desuso, que me mandó varias veces al diccionario. Se narran las 11 historias de las hermanas de Monelle, las que “aún no se han encontrado” y a las que veremos “ir a buscarse lejos”. Curiosamente, aunque Monelle las describa, con una aspereza que no alcanzo a comprender del todo, como “parecidas a prostitutas sin inteligencia”, solo una de ellas termina siendo puta. Los 11 relatos están teñidos de fatalismo y fantasía, y son protagonizados por niñas en plena búsqueda de sí mismas y en rebelión contra sus circunstancias. Hay partes muy memorables, pero mi historia favorita fue la de una joven que lleva una relación enferma con su reflejo en el espejo. Hay otro relato que me llamó la atención por lo borgeano, en el que hay una búsqueda por países desconocidos y se van describiendo tribus ficticias; me recordó muchísimo a “El inmortal”:

“Y más lejos hay una ciudad subterránea de hombres negros a los que sólo visitan sus dioses durante el sueño. Comen las fibras del cáñamo, y se cubren el rostro con polvo de tiza. Y los que se emborrachan con el cáñamo durante la noche cortan el cuello de los que duermen, a fin de enviarlos a las divinidades nocturnas”.

En la parte final, el protagonista nos cuenta con toques muy surrealistas más detalles sobre Monelle y sobre qué sucede con ella y con el narrador mismo.

Di con este libro en esa búsqueda de autores parecidos a Borges, que invade a todos los que estamos medio traumados con el sudamericano. El mismo argentino lo reconoció entre sus influencias y es revelador identificar en el texto ese juego “borgeano” de remezclar partes de la literatura de todas las épocas; un juego que sólo dominan los lectores más dedicados. No sé si el juego lo inventó realmente Schwob, pero al menos lo jugó antes. En este caso, la lista de referencias es larga: Shakespeare, Las mil y una noches, Dostoievski, La biblia, los hermanos Grimm, etc. 

“No esperes la muerte: está en ti”.

“No ames tu dolor; pues no ha de durar”. 

“Los hombre buscan su alegría en el recuerdo, y se resisten a la existencia, y se enorgullecen de la verdad del mundo, que ya no es verdadera al haberse convertido en verdad”.

“Eso es – me dijo -, y verás el reino, pero no sé si entrarás en él. Pues soy difícil de comprender, salvo para los que no comprenden; y soy difícil de alcanzar, salvo para los que ya no alcanzan; y soy difícil de reconocer, salvo para los que no tienen recuerdo”.

Llama la atención el hecho de que otros autores como Bolaño y Faulkner lo hayan citado también entre sus influencias y aún así se sienta como un libro un poco olvidado. Quizás, como Monelle sugiere, había que olvidarlo para poder encontrarlo. 

 

Álvaro (@alvarogo87)

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Voces de Chernóbil: Crónica del futuro, Svetlana Alexiévich

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Una ola de youtubers peregrinan a la ciudad fantasma de Prípiat, buscando generar tráfico para sus canales. HBO lanza una miniserie sobre el desastre nuclear soviético, tratando de llenar el hueco dejado por Game of Thrones. La zona dañada por el accidente de Chernóbil se transforma en el nuevo Auschwitz del turismo B. El Chernobilómetro ha explotado y eso es excusa suficiente para leer los testimonios de la gente afectada que Svetlana Alexiévich ha rescatado del olvido.

La realidad y la ficción se predicen mutuamente todo el tiempo. Pensemos en Stalker de Tarkovsky, en donde existe una contaminada zona soviética de acceso restringido, habitada por peligros invisibles que terminan destapando hasta nuestros anhelos más profundos, esos que nacen del miedo. Pensemos también en la Orán descrita en La Plaga, de Camus; atacada por una mortal peste que va acabando con sus habitantes, pero en la que aún queda lugar para la esperanza. Ya en ambas ficciones se anticipa involuntariamente lo que pasó después del desastre nuclear de Chernóbil, o al menos queda anticipado el espíritu del libro de Alexiévich, que es más periodismo que ficción. La misma autora de Voces de Chernóbil la hace de stalker, entrando a la zona (esta sí real) para guiarnos en un viaje que revuelve intimidades de la Unión Soviética, de la condición humana y hasta del lector.

La estructura narrativa es a lo Detectives salvajes: un montón de personajes variados contando su versión sobre lo que pasó en el accidente y, sobre todo, lo qué pasó después de éste. Hay de todo: científicos, soldados, maestros de primaria, obreros, vecinos del reactor, ingenieros, ateos, supersticiosos, campesinos y gente buscando sentido en las palabras de Dostoievski, Bulgakov, Chéjov, Pushkin o Tolstoi, no olvidemos que se trata de los pueblos herederos de los grandes escritores eslavos.

“Hasta hoy tengo delante de mis ojos la imagen: un fulgor de un color frambuesa brillante; el reactor parecía iluminarse desde dentro. Una luz extraordinaria. No era un incendio como los demás, sino como una luz fulgurante. Era hermoso. Si olvidamos el resto, era muy hermoso. No había visto nada parecido en el cine, ni comparable.”

La primera y la última narración son tristísimas, pero se sienten muy memorables pues no dejan de ser historias de amor incondicional, a prueba de todo veneno. Sobran casos desgarradores: muertes dolorosas, enfermos de cáncer, bebés que nacen muertos o con múltiples deformaciones, sueños truncados, pesadillas reales y desdichados personajes perseguidos de por vida por la maldición de Chernóbil, una estela que trae repulsión y discriminación de parte del resto del mundo; podrás salir de Chernóbil, pero Chernóbil nunca saldrá de ti. Hay incluso un coro de voces infantiles que te borra toda sonrisa del rostro; entre ellas, la de un niño suplicándole a su madre que lo mate para liberarlo del dolor.

“¿Cuál es, pues, el sentido de nuestro sufrimiento? ¿Para qué sufrimos? ¿Por qué hay tanto sufrimiento?”

“Sentía una angustia… Estaba como paralizada. Quería hablar con alguien, pero con nadie de este mundo. Me iba a una iglesia, allí reina un silencio como el que a veces descubres en las montañas. Un silencio… Allí puedes olvidar tu vida.”

“¿Qué es lo que realmente había sucedido? No se hallaban palabras para unos sentimientos nuevos y no se encontraban los sentimientos adecuados para las nuevas palabras”

Por otro lado, también hay mucha gente resignada; condenados que no ven otra opción que abrazar su tierra envenenada en la que todo alrededor es tóxico y cancerígeno, pero que con eso y todo aún le siguen llamando hogar, casi hasta con cariño.

“Toda la humanidad se hizo más sabía después de Chernóbil. Se hizo mayor. Adquirió otra edad.”

“Tal como lo entiendo hoy, Chernóbil nos liberaba. Nos enseñaba a ser libres.” 

Hay espacio para un par de voces que denuncian la podredumbre del régimen soviético que terminó amplificando los daños de forma estúpida y cínica. Incluso hubo espacio para la voz de un conspiracionista a favor del comunismo. Supongo que esta última persona le picó la cresta a la escritora, pues se la pasa acusándola de escribir solo lo que le conviene. 
Algo sorpresivo es que aunque los testimonios provengan de gente común y corriente, estos tienen momentos filosóficos, líricos y muchas veces hasta profundos. Quizás cuando lo que se vivió fue tan intenso y tan raro, las palabras están solo esperando una válvula de escape que les permita salir, libres de pretenciones, y superar cualquier cosa que un escritor pudiera inventar.

Álvaro (@alvarogo87)

La insoportable levedad del ser, Milan Kundera

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He terminado de leer La insoportable levedad del ser por tercera vez. ¿Cambia en algo el libro después de tres vueltas? Cambia: sus ideas tienen más peso que las de los otros libros leídos en tan solo una ocasión y que ya no recuerdo.

Recientemente fui a cortarme el pelo acompañado de esta novela para hacer más llevadera la espera. La peluquera me hizo la pregunta obvia, odiosa e invasiva que hacen los que no soportan el silencio y no comprenden (o no les importa) que es imposible hablar y seguir leyendo al mismo tiempo:
– ¿Y ese libro de qué trata?
– Es una novela filosófica – respondí cortante para terminar con la charla innecesaria.

Pero por dentro me quedé pensando “Y de veras, ¿de qué trata?” En teoría llevaba dos lecturas previas y ni aún así podía recordar la trama medianamente bien como para dar una sinopsis breve. Recordaba que me había gustado, pero no recordaba los detalles finos de la trama centrada en 4 personajes angustiados por lo insignificante de sus existencias: Teresa, la noble y fiel mujer-pajarito lastimado que busca refugio entre los brazos de Tomás, y que está dispuesta a soportar siempre las infidelidades y el descaro del segundo. Sabina, la amante más estable de Tomás. Y Franz, el amante de Sabina que comete el error de enamorarse e intentar cortar su libertad. Recordaba aún menos el hecho de que sucediera durante la invasión soviética a la República Checa, mientras el país sufría una invasión militar y cultural. Quizás la única sinopsis honesta que hubiera podido dar era la suma de lugares comunes que se mencionan en las contraportadas y que nos dicen bien poco: una novela sobre amor, sexo, celos, traiciones y muerte. Lo peor del caso es que, a menos que relea este libro de forma infinita, eventualmente terminaré olvidando estos detalles de nuevo; punto para Kundera.

“No hay nada más pesado que la compasión. Ni siquiera el propio dolor es tan pesado como el dolor sentido con alguien, por alguien, para alguien, multiplicado por la imaginación, prolongado en mil ecos”.

“La persona que pierde su intimidad, lo pierde todo, piensa Sabina. Y la persona que se priva de ella voluntariamente, es un monstruo”.

Dentro de las cosas geniales están el hecho de que Kundera sea tan transparente al hablar de sus personajes: cuenta cómo se le ocurrieron y cómo los fue trabajando, es un narrador que acepta frontalmente que está hablando de ficción, pero con todo y eso los personajes parecieran respirar.

Los sueños de Teresa son abundantes en imágenes potentes: la alberca rodeada de mujeres desnudas, la carroza fúnebre, la colina Petrin en donde uno va buscando la muerte: todas estas escenas son muy cinematográficas y están llenas de suspenso y morbo.

Pero quizás lo mejor es el desarrollo de las ideas centrales del libro: la levedad de nuestra existencia y la forma en que ignoramos la mierda del mundo para intentar soportar la vida; los lúcidos aforismos y el recurrente jugueteo con las ideas de filósofos clásicos.

“Es posible que no seamos capaces de amar precisamente porque deseamos ser amados, porque queremos que el otro nos dé algo (amor), en lugar de aproximarnos a él sin exigencias y querer sólo su mera presencia”.

“La historia es igual de leve que una vida humana singular, insoportablemente leve, leve como una pluma, como el polvo que flota, como aquello que mañana ya no existirá”.

Puede que los esnobs tengan razón y sea literatura para los que no entendemos de filosofía. Puede que lo que leímos termine ocupando un papel insoportablemente ligero en nuestras vidas con el paso del tiempo. De lo que estoy seguro es de que fueron 300 páginas muy 5 estrellas.

 

Álvaro (@alvarogo87)

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Ubik, Philip K. Dick

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En mi última visita a la FIL compré Ubik casi de forma azarosa. El nombre de Philip K Dick se posicionaba desde hace mucho en mi cabeza por Blade runner y por la vaga noción de que está asociado con alguno de esos lugares de respeto en el imaginario de la ciencia y ficción. El empujón final para decidirme a leerlo me lo dio Rodrigo Fresán con sus elogios desmedidos hacia el autor estadounidense en Mantra.

El principal detalle incómodo que encontré en este libro, es que Philip K. Dick se pasa la primera parte de la novela describiendo un “futuro lejano” para él, que en realidad es un pasado alterno para nosotros, pues el texto arranca en 1992. Un entorno noventero en el que hemos colonizado la luna y existe la semivida después de la muerte. En el mejor de los casos estas predicciones nos despiertan curiosidad por ver cómo se imaginaba la ciencia ficción el futuro en 1969, algo parecido a lo que nos sucede cuando hoy en día vemos un capítulo de los Supersónicos; en el peor de los casos, hace que el planteamiento sea un poco tedioso.

Pero superada la introducción y una vez que decides comprarle al autor las reglas del universo planteado, la novela despega y no para. En cierto punto, la trama se asemeja a la de las historias de superhéroes, pero pronto madura convirtiéndose en una compleja historia que reta la elasticidad de nuestra imaginación, planteándonos preguntas sobre la vida después de la muerte y la percepción de la realidad, arrojándonos también un par de vueltas de tuercas que nos dejarán pensando un buen rato tras cerrar el libro, al estilo Inception.

La contraportada acierta al nombrarlo como una fuente de inspiración para películas como Abre los ojos y Matrix (aunque diría yo que mucho más de Abre los ojos). Yo agregaría que quizás el final me llevó a pensar un poco en Tlön Uqbar Orbis Tertius.

Que te romperá la cabeza un poco, eso seguro.

“La gente yerra por completo cuando se imagina el infierno: el infierno es un lugar frío; todo lo que hay en él es frío. El cuerpo significa peso y calor; ahora, el peso es para mí una fuerza a la que sucumbo, y el calor algo que me abandona. Y que, a menos que yo renazca, no volverá nunca a mí. Este es el destino de todo el universo, así que por lo menos no estaré solo”.

“Contempló a la muchacha, deteniéndose en su cabello negro y espeso y su boca sensual; sintió en su interior el despertar de desolados anhelos, deseos inútiles y nebulosos que no conducían a ninguna parte y volvían vacíos hacia él, completando un círculo perfecto”.

– Ubik, Philip K. Dick

 

Álvaro (@alvarogo87)

Todos los libros que leí en 2018, ordenados del que menos me gustó al que más me gustó

Nunca me ha gustado esa popular idea de ver la lectura como uno de esos concursos por ver quién come más salchichas en menos tiempo. ¿Qué ganamos si cumplimos nuestro “Reading Challenge” anual de Goodreads? ¿Leemos solo para presumir una meta personal que, honestamente, a nadie fuera de nosotros mismos le importa?

Así que, aunque me encanta usar Goodreads para marcar libros que me interesan, no me planteé un Reading Challenge (nunca lo he hecho), la cifra total me parece irrelevante, leí tantos como pude y quise leer.

Quizás y está de más aclararlo, pero el orden está dictado solo por mi debatible criterio y mis defectos como lector. Espero no haya ofendidos.

Dicho lo anterior, van algunas anotaciones sobre libro:

  1. Vestido de novia, Pierre Lemaitre

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El único del que realmente me arrepiento de haberlo leído. Una pérdida de tiempo, mi recomendación es ahorrarse este churro de papel.

 

  1. De la tierra a la luna, Julio Verne

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Todo bien con Julio Verne, pero cambió su encanto de cuentacuentos para ponerse demasiado técnico en esta ocasión.

 

  1. La liebre, César Aira

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Tenía rato con ganas de algo de Aira, desafortunadamente el libro se cae penosamente al final.

 

  1. La piedra lunar, Wilkie Collins

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Un clásico del segundo género más controversial de la literatura (después de la autoayuda): la novela policial. Para mí, el mayor problema es que tiene demasiada paja.

 

  1. Frankenstein, Mary Shelly (segunda lectura)

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Lo volví a leer después de un par de décadas. De la primera lectura recordaba casi nada. Me pareció una novela con marcados errores narrativos, pero con personajes icónicos.

 

  1. Cuna de gato, Kurt Vonnegut

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Una historia divertida y bien cargada de humor negro y mucha estupidez humana.

 

  1. Mil millones de años hasta el fin del mundo, Arkadi y Boris Strugaski

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Una obra de ciencia ficción exótica; soviética. Cosa curiosa, la autoría pertenece a una dupla de hermanos escritores, los hermanos Strugaski (Sí, los guionistas de Stalker de Tarkovski).

 

  1. Un mal nombre, Elena Ferrante

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Este libro es la segunda entrega de una saga y es de publicación relativamente reciente, dos características que la vuelven una lectura atípica para mí, pero me ha parecido tremendamente escrito y bastante adictivo.

 

  1. Putas asesinas, Roberto Bolaño

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Hay un puñado de cuentos en esta recopilación que se merecerían estar en el top 5 de esta lista. A ratos te encuentras con el mejor Bolaño posible (a ratos no).

 

  1. De animales a dioses, Yuval Noah Harari

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Leo muy pocas cosas que no son ficción, pero decidí aventurarme con esto y no me decepcionó en lo más mínimo. La parte en la que explica cómo evolucionamos como especie gracias a nuestros mitos compartidos me voló un poco la mente. La única mancha está en la edición y traducción al español, que es bastante descuidada.

 

  1. Satán en Goray, Isaac Bashevis Singer

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Una buena lectura, la gran variedad de términos, supersticiones y ritos ligados al judaísmo, lo llenan de un folclor muy rico y entretenido para los que sabemos poco sobre esta religión.

 

  1. La ignorancia, Milan Kundera

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Mi segunda novela del checo. Cumple con todo lo que esperas de él: una prosa sexy, un poco de filosofía y una chispa de carisma.

 

  1. El hombre ilustrado, Ray Bradbury

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Si te gusta la ficción futurista del estilo Black Mirror o The Twiglight Zone, deberías de darle una oportunidad a esta recopilación de relatos.

 

  1. Una novelita lumpen, Roberto Bolaño

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Es un texto cortito y acogedor que puedes terminar en un solo día, ideal para un viaje en autobús, un día perdido en un aeropuerto o simplemente para pasar un domingo de puta madre.

 

  1. La invención de Morel, Adolfo Bioy Casares (segunda lectura)

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Conocer el desenlace le resta un poco de magia, pero aun así sigue siendo una buena experiencia.

 

  1. El reino de este mundo, Alejo Carpentier

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Tan hermoso como complejo, un verdadero despliegue de recursos lingüísticos.

 

  1. Los detectives salvajes, Roberto Bolaño (segunda lectura)

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En esta relectura perdí ligeramente la fascinación que sentí la primera vez, pero aun así es una maravilla. Seguramente no será la última vez que vuelva a revivir la historia de Ulises Lima y Arturo Belano.

 

  1. El espejo en el espejo, Michael Ende

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Son 30 cuentos, aunque quizás sea más preciso decir pesadillas, que se reflejan entre sí como ecos o desfiguraciones de las imágenes creadas al contraponer dos espejos y en las que abundan la desesperación, las situaciones frustrantes y los gritos de agonía. Ende comparte con Borges varias obsesiones, pero creo que en cuanto a estilo, la prosa se siente mucho más cercana al absurdo de Boris Vian.

 

  1. No voy a pedirle a nadie que me crea, Juan Pablo Villalobos

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Muy divertido. Nunca antes había encontrado una narrativa así de fresca y atrayente, que al mismo tiempo usara todos los insights y el lenguaje del lugar en donde crecí (soy tapatío, como el autor). Todo está ahí, desde las ideas mochas y prejuiciosas de los jalisquillos, hasta las más típicas muletillas.

 

  1. El proceso, Franz Kafka

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Bien dicen que los libros nunca se terminan, solo se publican, aun así es un poco triste sentir la sensación de que la tuberculosis le haya quitado a Kafka la posibilidad de detallar este librazo tanto como a él le hubiera gustado (suponiendo que en algún momento haya querido hacerlo). En términos rigurosos los cachos inacabados son desperfectos narrativos irreparables; en una postura más romántica podríamos decir que estos mismos huecos hacen más redondos los conceptos centrales de la novela.

 

  1. Nine stories, J.D. Salinger

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No importa a qué edad te encuentres con Salinger, el tipo te espera con lo necesario para despertarte esa fascinación que quizás solo sentiste la primera vez que en tu vida te enganchaste con un libro y pensaste que quizás esto de la literatura no sea tan aburrido como lo pintan en la escuela después de todo.

El único problema es que sean 9 historias y no 18.

 

  1. Crónica de una muerte anunciada, Gabriel García Márquez (segunda lectura)

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Lo leí solamente para corroborar una cosa: que es perfecto desde cualquier ángulo.

 

Álvaro (@alvarogo87)

 

 

 

The Haunting of Hill House y Pink Floyd

Hace algunas semanas Netflix estrenó The Haunting of Hill House (La Maldición de Hill House), una serie de 10 capítulos, inspirada en la novela homónima de Shirley Jackson, la cual la ha estado rompiendo bastante en redes sociales.

Abro paréntesis:

Shirley Jackson fue una escritora estadounidense que profundizó muy atinadamente en el terror, sobre todo como una consecuencia psicológica que nace del aislamiento y el encierro. Recomiendo la novela We Have Always Lived in the Castle (del cual hablo con poco acá) o el relato The Lottery, el cual puden escuchar a continuación:

Cierro paréntesis

La adaptación de Netflix ha funcionado porque el terror ha sido un género tan manoseado en recientes décadas por el cine y tan reducido a fórmulas repetitivas y predecibles que cualquier producción audiovisual que se salga del molde sobresale. Esto sin ingorar, claro, que el resultado final que vemos en pantalla es bastante decente (mención honorífica para el capítulo 6 y sus planos-secuencia).

Está bien, pero ¿y Pink Floyd qué?

(Puede haber algunos spoilers a partir de aquí)

Unos minutos después de ver el capítulo final de la serie, puse música para ducharme y aleatoriamente sonó Mother de Pink Floyd. No hice clic de inmediatio, pero me concentré un poco en la letra y entonces hice la conexión.

La canción de Pink Floyd (que mucha gente dedica, en un acto de humor involuntario, a sus madre en el Día de las madres) habla sobre una mamá sobreprotectora que está aterrada por los miles de peligros que acechan a su pequeño allá afuera. Una madre que preferiría tener a su hijo detrás de un muro con tal de que esté protegido, sin importale que para ello deba aislarlo del mundo e impedir que viva su propia vida.

En momentos pareciera que la canción habla sobre Olivia Craine.

“Mama’s gonna make all your nightmares come true.
Mama’s gonna put all her fears into you.
Mama’s gonna keep you right here under her wing.
She won’t let you fly, but she might let you sing.
Mama’s gonna keep baby cozy and warm.”

Creo que la maternidad implica naturalmente estos impulsos enfermizos. La mayoría de las madres aprenden sobre la marcha a gobernar estos impulsos, aunque, como sucede con los celos en las relaciones amorosas, en algunas ocasiones la situación se sale de control. En denfensa de Olivia Craine, sus acciones nacían más de las entrañas de la casa embrujada que de sus profundos deseos de controlar y proteger a sus hijos… ¿o no?

Álvaro (@alvarogo87)

No voy a pedirle a nadie que me crea, Juan Pablo Villalobos

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En No voy a pedirle a nadie que me crea, de Juan Pablo Villalobos, un joven escritor mexicano planea mudarse a Barcelona junto con su novia para estudiar un doctorado. Y digo planea, porque apenas inicia la novela un primo suyo al que no frecuenta desde hace años regresa a su vida para involucrarlo en un negocio sucio en el que Juan Pablo (el protagonista, que se llama igual que el autor) no tiene ganas de participar, pero en el que queda bien embarrado. Todo el enredo es contado por medio de distintos narradores e involucra a divertidos personajes como el ingenuo primo de Juan Pablo, un okupa italiano, mafiosos mexicanos, un argentino que reniega constantemente de Barcelona, un pez gordo de la política catalana, un pakistaní homosexual, una policía buena onda y la novia de Juan Pablo que, sin tenerla ni deberla, termina también metida en todo.

Yo soy de Jalisco, el estado mexicano de donde es el autor. También soy parte de una generación de lectores medio malinchista y medio floja que, hablando de literatura local, creció sabiendo que hay dos vacas sagradas: Rulfo y Arreola. El problema es que más allá de esos dos referentes tampoco exploramos gran cosa (quizás estoy generalizando de más). Lo anterior contribuye a que el descubrimiento de Villalobos me haya sorprendido tanto; nunca antes había encontrado una narrativa así de fresca y atrayente, que al mismo tiempo usara todos los insights y el lenguaje del lugar en donde crecí. Todo está ahí, desde las ideas mochas y prejuiciosas de los jalisquillos, hasta las más típicas muletillas. Por esta afinidad, seguramente no seré yo quien dé un juicio objetivo sobre la novela, pero sí diré que la disfruté a montones.

“Él entró a Negocios Internacionales en el Iteso, como buen adicto a los jesuitas, pero no terminó la carrera”. 

Pero el libro no solo se trata de la gente jalisquilla, sino también de Barcelona, de hecho, quizás se trata más sobre Barcelona o al menos de Barcelona vista desde un punto de vista jalisquillo que es, dependiendo el narrador en turno, voluntaria o involuntariamente cómico. Abundan las descripciones ácidas y sin mucho filtro sobre Cataluña y sobre los catalanes.

“Dejate de joder, boluda, los catalanes no quieren que los demás hablen catalán, boluda, lo que quieren es sentirse superiores, o como mínimo diferentes”.

El texto es un sube y baja de emociones y quizás ahí está gran parte de su fuerza. El inicio está repleto de frases y situaciones muy graciosas, que en mi caso no me despertaron risas sino verdaderas carcajadas. La primera escena violenta te agarra un poco por sorpresa. La parte media es quizás donde flaquea un poco (pero no de forma grave) pues no mantiene esa genialidad del arranque, pero el final es verdaderamente emotivo.

El cliché de presumir el músculo narrativo usando varios personajes con tonos radicalmente distintos es un vicio común entre los narradores modernos, pero al menos Villalobos cumple bien con la tarea. En varios puntos los rasgos de algunos personajes se desdibujan un poco y la trama se vuelve poco creíble, pero el autor se cubre bien con ese mantra repetido varias veces por varios personajes: no voy a pedirle a nadie que me crea.

Juan Pablo Villalobos pertenece a ese grupo de autores que, a lo Bolaño, tratan de inventar el futuro de la narrativa en español, desde Barcelona. Una generación post post boom, muy poco solemne y que hasta se puede seguir por Twitter. No hay que perderle la pista.

Álvaro (@alvarogo87)

Imagen: Wikimedia Commons 

Una novelita lumpen, Roberto Bolaño

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En Una novelita lumpen, Bianca abre la novela recordando un episodio de su pasado en el que, junto con su hermano, fue delincuente. Para explicarlo mejor, Bianca recuenta la época en que un accidente en una carretera cercana a Nápoles hizo que ambos hermanos quedaran huérfanos. Siendo aún más adolescentes que adultos, ambos hermanos intentan continuar con sus vidas como pueden, conociendo en el camino a un boloñés y a un libio, con quienes diseñan un plan delictivo bastante febril con el cual piensan asegurar su futuro económico.

“Ahora soy una madre y también una mujer casada, pero no hace mucho fui una delincuente. Mi hermano y yo nos habíamos quedado huérfanos. Eso de alguna manera lo justificaba todo. No teníamos a nadie. Y todo había sucedido de la noche a la mañana.”

Me gusta que en el título se use el diminutivo, como con cariño, porque se lo merece. Es un texto cortito y acogedor que puedes terminar en un solo día, ideal para un viaje en autobús, un día perdido en un aeropuerto o simplemente para pasar un domingo de puta madre.

“Ahora sé que la cercanía no existe. Siempre alguien tiene los ojos cerrados. Uno ve cuando el otro no ve. El otro ve cuando uno no ve.”

Esquivando el uso de términos y estructuras rebuscadas, la trama se desenvuelve con mucha naturalidad, dosificando tan bien la intriga a lo largo de los 16 breves capítulos que es difícil dejar el libro en paz. Pero aunque a primera vista parezca una lectura sencilla, la complejidad viene entre líneas con la profundidad de los personajes, sobre todo de Bianca, quien narra todo en primera persona. El nadar de Bianca entre el duelo tras la muerte de sus padres, un presente complicado, un futuro incierto y la desesperación por llegar a algún lado (aunque no tenga la más mínima idea de a dónde); todo lo anterior es lo que termina por llevar a la nouvelle de ser buena a ser excelente, porque es entonces cuando nos cala, nos proyecta y nos conmueve a un nivel íntimo.

Se dice que Bolaño escribió esta novela bajo el encargo de escribir un texto sobre Roma (también por algún lado leí que nunca visitó Roma en su vida). Tengo mis dudas de si el encargo se cumplió, porque igual como aconteció en la capital italiana, pudo acontecer en Barcelona o en Buenos Aires; en realidad ni la ciudad ni las descripciones de la ciudad son de gran relevancia, pero tampoco creo que a estas alturas eso importe, pues el ejercicio quedó demasiado lindo.

Álvaro (@alvarogo87)
Imagen: Wikimedia Commons